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Mes a mes - Cronología |
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La pardela cenicienta (calonectris diomedea borealis) debe su nombre común al color girs ceniza de su plumaje. Pertenece al grupo de las procelariformes, aves marinas pelágicas con especiales adaptaciones para la pervivencia en el medio oceánico. Sólo pisan tierra firme durante la reproducción. De su pico sobresalen unas prominentes narinas. Por estos orificios nasales expulsan el exceso de sal resultante de la ingestión de agua mar. Otras aves como los petreles o los paíños forman parte a la vez de este mismo grupo de aves marinas, particularmente sensibles a los efectos perjudiciales de la contaminación lumínica de nuestras ciudades y pueblos costeros.
El Paíño Común (Hydrobates pelagicus) es el ave marina más pequeña que existe. Pesa menos de 25 gramos pero es capaz de atravesar el océano atlántico y regresar cada año a los mismos lugares de cría. Las pardelas comienzan a regresar a nuestras aguas después de navegar miles de kilómetros por todo el Atlántico Sur en su migración anual. Desde mediados de mes es posible escucharlas en tierra firme cada noche después del ocaso, cuando vuelven a sus colonias de reproducción para iniciar el cortejo y el apareamiento.
Lo hacen en su nido o hura, una estrecha cueva u oquedad del terreno que utilizan fielmente cada temporada para reproducirse. En esta época existe una intensa actividad social en las colonias de cría. Es el momento de la cópula. Además las aves deben proteger sus huras de la posible ocupación por parte de parejas competidoras. Da comienzo la reproducción. Los pescadores de nuestras islas se han servido desde siempre de las pardelas para localizar a los grandes bancos de peces pelágicos, objetivo de sus capturas. Lo cierto es que hoy en día muchos barcos pesqueros del atlántico siguen las evoluciones de estas aves a través de sondas y radares para localizar las congregaciones importantes de peces y cefalópodos en el océano abierto. Por el contrario los grandes palangreros calan miles de anzuelos cada noche, provocando la muerte por ahogamiento de centenares de aves que quedan atrapadas en el sedal y son arrastradas con él al fondo. A partir de mediados de mes ocurre la puesta. Las pardelas ponen un único huevo cada año, que nunca es repuesto si se pierde. Menos de la mitad de las parejas que empiezan a criar cada temporada consigue sacar adelante a 1 pollo hasta su completo desarrollo. La incidencia de predadores no nativos, como ratones, ratas y gatos, sobre sus huevos y sus pollos es muy elevada. La incubación la realizan tanto el macho como la hembra. Se alternan para tal fin en turnos que pueden durar entre 3 y 9 días. Durante este tiempo uno de los adultos estará procurándose alimento en alta mar mientras el otro no saldrá para nada de su hura, ocupado en la transmisión de calor al huevo y en su protección. La sincronía entre la pareja debe ser perfecta y deberá mantenerse durante todo el periodo reproductor. La Pardela Chica (Puffinus assimilis baroli) es un poco más pequeña que la Pardela Cenicienta y mucho más escasa y desconocida. En algunas islas se la conoce como Tahoce o Fifirifó. Tiene un canto muy peculiar. Como todas las pardelas, son aves muy sensibles a la contaminación lumínica y entre finales de mayo y principios de junio cientos de pollos resultan accidentados cada año en muchos lugares del archipiélago. Durante la primera quincena de este mes los miembros de cada pareja continúan atareados en la incubación del huevo. Pero ya en las últimas semanas se producirá la eclosión. El pollo va rompiendo desde dentro su cascarón y nace envuelto en un espeso plumón de color gris ceniza que le da el aspecto de un peluche diminuto. La Pardela Pichoneta (Puffinus puffinus) es la única pardela de Canarias cuyas colonias de reproducción se localizan en zonas forestales de Monteverde. Durante el mes de julio numerosos pollos de esta especie resultarán accidentados en distintos lugares de las islas debido a la contaminación lumínica. Durante las primeras semanas tras su nacimiento el pollo nunca está sólo en la hura. Al menos uno de los padres permanece junto a él mientras su cónyuge haya salido a pescar algo que comer. Ahora las raciones de alimento al regresar al nido deben incluir lo necesario para nutrir también a su hambrienta cría. Pasado este tiempo, el pollo ha acumulado reservas suficientes y los padres comienzan a dejarlo sólo, regresando durante las noches a traerle algo de comida. Los adultos le ceban generalmente con bogas, caballas o calamares capturados vivos en alta mar y que llegan al nido parcialmente digeridos en el buche de cada animal. Para pescar siguen durante días las evoluciones de bancos de atunes o de grupos de cetáceos, que al alimentarse provocan al ascenso de sus paresas a la superficie. La actividad nocturna en las colonias de reproducción va menguando. Los adultos ya no regresan todas las noches a alimentar a sus crías. Estas deben aguantar a menudo varios días sin comer, consumiendo sus reservas de grasa en completar el desarrollo de sus alas y de su nuevo plumaje, hasta que alguno de sus progenitores vuelva a la hura con más comida. La notable incidencia de gatos, ratas y furtivos continúa mermando el número final de pollos que sobrevivirán esta temporada de cría hasta sus primeros vuelos. A mediados de este mes la mayoría de los pollos están preparados para volar por primera vez y tratar de procurarse su propio alimento en la superficie del inmenso océano. Los pollos más rezagados continuarán saliendo de sus huras hasta mediados de mes y por ahora siguen produciéndose sus accidentes. Los jóvenes que superen la barrera artificial de la contaminación lumínica deberán aprender a pescar de inmediato, puesto que para las últimas semanas de noviembre tendrán que seguir durante enormes distancias a los grupos de adultos, que inician ya su migración anual hacia el hemisferio sur. La temporada reproductora ha llegado a su fin. Las pardelas recorren en estas fechas las aguas del atlántico sur. Los adultos regresarán hacia mediados de febrero, cuando se inicia de nuevo la época de cría. Sin embargo, los jóvenes nacidos este año no volverán a pisar tierra firme en sus lugares de nacimiento hasta alcanzar la madurez sexual, al cabo de entre 2 y 9 años más tarde. Para entonces muchos de esos lugares habrán sido transformados y convertidos en carreteras o urbanizaciones. Amigos de las pardelas (Ayúdalas a llegar al mar) El excesivo alumbrado de nuestras ciudades es reconocible por el brillo o resplandor en el cielo nocturno. El mal apantallamiento de los puntos de luz en el exterior favorece la pérdida de energía, que es emitida hacia el cielo. Tómatelo en serio: Desconecta!!
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